El Cañero

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5 de julio de 2010

Fragmento del discurso pronunciado por el doctor JOSÉ FRANCISCO PEÑA GÓMEZ, el 5 de julio del año 1979

Fragmento del discurso pronunciado por el doctor JOSÉ FRANCISCO PEÑA GÓMEZ, el 5 de julio del año 1979, como parte de las actividades de la Conmemoración del Decimoctavo Aniversario del Arribo al País de la Comisión Ejecutiva del PRD 5 de julio del 2010.

Compañeros y compañeras:

El 21 de enero del 1939 se fundó en El Cano, La Habana, Cuba, el Partido Revolucionario Dominicano.

Pero es el 5 de julio de 1961 que llegaron a nuestras playas nuestros primeros dirigentes, cuya Comisión Ejecutiva estaba integrada por los compañeros Ángel Molían, Nicolás Silfa y el Ramón Castillo.

La llegada al territorio nacional de los primeros dirigentes del PRD, fue una medida audaz, hija de una táctica atrevida y sorprendente que sumió en la confusión y el desconcierto a los demás grupos opositores del exilio y suscitó sospechas en dominicanos descreídos y de poca fe sobre una supuesta complicidad entre el PRD y el régimen trujillista en retirada.

Para quienes pensaban que el camino de la lucha política debe transitarse en línea recta y que los desvíos y rodeos no son tácticas recomendables por la moral, parecía que aquel paso era un desacierto cuando menos, o una apostasía cuando mas.

Eso explica porque inmediatamente después de las primeras movilizaciones de la calle El Conde y sobre los balcones de nuestra primera Casa Nacional, se desatara contra nuestro partido una feroz campaña de descrédito y maledicencia que presentaba al PRD como instrumento al servicio de la política de los Estados Unidos.

Esta situación se agravó cuando los demás líderes del exilio comenzaron a regresar al país y trasladaron a la patria sus viejas querellas antiperredeistas, que se sumaron a los agravios recibidos por nosotros, de los políticos que se improvisaron al calor de los acontecimientos.

La juventud de esta época estaba deslumbrada con el resplandor del guerrillerismo revolucionario fidelista, y no podía comprender los alcances de una táctica que postulaba una solución pacífica electoralista, sobre todo cuando todavía estaba intacto el aparato militar y de seguridad del régimen trujillista y su aporte político, el Partido Dominicano.

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