Por VÍCTOR DE LOS SANTOS
Maestría en contabilidad fiscal,
gestión medioambiental y contaminación
Uno de ellos es la puzolana, una
roca de origen volcánico que, por sus propiedades físicas y químicas, ha
despertado creciente interés científico e industrial. Su valor no se limita a
la construcción; también puede aportar a la agricultura, al ahorro de divisas y
al aprovechamiento responsable del capital natural.
La industria cementera representa
uno de los mayores retos ambientales del siglo XXI. Diversos estudios estiman
que la fabricación de cemento aporta aproximadamente entre el 7 % y el 8 % de
las emisiones globales de dióxido de carbono (CO₂). La mayor parte de esas
emisiones proviene de la producción de Clinker, componente esencial del cemento
Portland, cuya elaboración requiere temperaturas cercanas a los 1,450 °C y
libera CO₂ tanto por el consumo energético como por la descomposición química
de la caliza.
Ante esta realidad, la
sustitución parcial del Clinker por materiales cementantes suplementarios,
entre ellos las puzolanas naturales, se ha convertido en una de las estrategias
más viables para reducir la huella de carbono del cemento. Investigaciones
recientes muestran que cementos elaborados con puzolanas pueden mantener buen
desempeño mecánico, mejorar la microestructura del hormigón, reducir su
porosidad e incrementar su durabilidad. En muchos casos, la sustitución de
hasta un 30 % del Clinker por puzolana resulta técnicamente posible, siempre
que el material cumpla con las especificaciones requeridas.
Para la República Dominicana,
esta posibilidad tiene una importancia particular. Cada tonelada de Clinker
sustituida por puzolana nacional puede representar menos emisiones, menor
importación de insumos, ahorro de divisas y mayor valor agregado para un recurso
geológico disponible en el país. Además, puede fortalecer la competitividad de
la industria cementera y abrir nuevas oportunidades de inversión, empleo y
financiamiento climático.
Pero el potencial de la puzolana
no termina en el cemento. En la agricultura también puede desempeñar un papel
relevante, especialmente en tiempos de sequías, lluvias extremas y degradación
de los suelos.
La puzolana no es un
fertilizante. Su función principal es actuar como acondicionador físico del
suelo. Se puede incorporar mezclada con tierra, compost, humus, fibra de coco u
otros sustratos orgánicos. Gracias a su estructura porosa, mejora la aireación
de las raíces, ayuda a retener humedad, reduce la compactación y disminuye la
pérdida de nutrientes por lixiviación.
Dicho de forma sencilla: la
puzolana no alimenta directamente a la planta; mejora el ambiente donde la
planta desarrolla sus raíces.
Ese aporte resulta valioso para viveros, hortalizas, frutales, jardinería, paisajismo, agricultura protegida y recuperación de suelos degradados. También puede servir como soporte para microorganismos beneficiosos, incluyendo bacterias y hongos micorrícicos que favorecen la salud del suelo y la nutrición vegetal.
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