Voces y ecos
RAFAEL PERALTA ROMERO
rafaelperaltar@gmail.com
Incluyó la presentación del libro
Democracia constitucional y el lanzamiento de una medalla conmemorativa
del sesquicentenario. Los actos han seguido y ayer, tenía que ser en julio,
correspondió a la Biblioteca Nacional Pedro Henríquez Ureña recibir a Duarte.
Llegó en un busto esculpido por Eduard Severino, donado por la Comisión
Permanente de Efemérides Patrias.
En el marco de esa conmemoración,
la colocación de un busto del Patricio en el vestíbulo de la Biblioteca
Nacional es un gesto altamente significativo.
Existe una relación sustantiva entre la figura de Duarte y la idea de
biblioteca. Nada de la vida nacional puede ser ajeno a la Biblioteca Nacional,
como templo que es del conocimiento.
Antes que político y antes que
militar, Duarte fue un lector formado en Europa que entendió el libro y la
palabra escrita como instrumentos de emancipación. Fue un gestor cultural.
Empleó el teatro para los planes independentistas. El libro sirvió entre sus
herramientas de lucha para formar conciencia de lo que era una república.
Trajo libros de su estancia en
Europa y los dio a leer a sus compañeros de la Trinitaria. Duarte no solo es parte fundamental de la
historia dominicana, por su obra libertaria, sino que también está inserto en
nuestra cultura. Dirigió el proceso de crear una nación independiente, concibió
su nombre República Dominicana y su lema Dios, patria y libertad.
Lo más importante para la
decisión de colocar el busto no es que JPD fuera gestor cultural, escritor o
que su colección personal de libros haya servido para elevar el nivel de
conocimientos de los muchachos de la Trinitaria. Lo más importante es que la efigie de Duarte,
como su doctrina y su legado, no pueden ser ajenos a nadie que sea dominicano y
se precie de serlo
Duarte es un ícono común de la
dominicanidad, el punto de convergencia en nuestras divergencias. Perpetuar su
imagen física conlleva el compromiso de aceptar y poner en práctica su
pensamiento político, el cual guarda plena vigencia y puede servir como un
reconstituyente para el fortalecimiento de la democracia y el orden
institucional de la República Dominicana.

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