El Cañero

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22 de abril de 2010

Rememorando: Santos de madera

(Centro Cultural León No. 101, jueves 5 de Julio del 2007)

La ausencia de representaciones de santos y vírgenes en los altares de los campesinos americanos de la colonización, devotos a la religiosidad popular católica, determinó que estos fueran materializados con madera. Este fue el comienzo de una expresión de arte popular y artesanal que hasta nuestros días prevalece en la cultura latinoamericana, en este caso, la dominicana.

La fabricación de los santos de madera estaba a cargo de artesanos rurales o urbanos de fe ciega, quienes encontraron en su labor algo más que trabajo. Y es que, detrás del oficio, sentían una devoción de hacer santos por considerarlo como un compromiso con lo divino. Así, lo que inició como una forma de invocar a la bondad o de ser un medio de comunicación espiritual, terminó siendo también una manifestación de arte sacro. “Fue el soporte más difundido de la cristianización americana en aquellas comunidades donde no llegaba la presencia física de la Iglesia Católica”, recuerda Carlos Andújar, especialista en antropología del Centro León.

Las figuras de madera brindaron un silencioso pero abrasador consuelo a aquellas almas angustiadas, que acudían ante ellos por medio de oraciones o cánticos. La fe de sus seguidores hacia lo que representaban tuvo el poder de curar y hasta de convertirse en el símbolo de protección hereditaria de una familia.

Andújar relata que “durante el final del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX, la demanda de santos alcanzó un nivel prácticamente comercial, por encima de los compromisos de encargo que caracterizaron los primeros años. Un mercado se desarrollaba y se iniciaba una fase comercial más allá del espacio familiar y de devoción que inicialmente acompañó esta producción”.

El comienzo de una etapa basada en la tecnología y nuevos materiales enmarcaron el original propósito de los santos de palo como una costumbre más. Pero la tradición de esta artesanía sacra no murió después de todo. En algunos lugares como Bonao mantienen esta legendaria práctica ancestral, donde existe una comunidad que vela por el mantenimiento de este oficio.

Como una forma de recordarlos, el Centro León se trasladó hacia la Casa de la Cultura de Bonao para realizar una interesante tertulia entre Carlos Andújar y Pedro Méndez, miembros del Grupo Santos de Palo, titulada “Arte sacro en la producción artesanal dominicana”. Un recuento de la importancia iconográfica de los santos de palo y de otras imágenes sagradas en el catolicismo popular fue lo que prevaleció en ese conversatorio, en el que, una vez más, las singulares figuras de madera hicieron su más silente y tranquilizador trabajo de protección.

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