Las familias piden que el presidente Luis Abinader abrir una investigación para esclarecer lo ocurrido y evitar que se repitan situaciones como las denunciadas
Olga Vergés Periódico
Hoy
Cada domingo, algunas familias dominicanas esperan con el
corazón encogido una llamada desde Rusia. Del otro lado del teléfono están sus
hijos, hermanos, esposos, padres y amigos, quienes viajaron con la esperanza de
mejorar sus condiciones de vida.
Pero aquella promesa de trabajo se convirtió, según
denuncian sus familiares, en una pesadilla. Ahora permanecen en distintos
centros de entrenamiento militar en Rusia, mientras crece el temor de que sean
enviados al frente de batalla y no regresen a casa.
Son alrededor de 150 dominicanos que habrían llegado
entre julio y septiembre atraídos por promesas de contratos como mecánicos,
soldadores, conductores y otros oficios técnicos, pero que, tras pisar
territorio ruso, aseguran sus allegados, perdieron sus documentos y teléfonos y
quedaron atrapados en una realidad que nunca imaginaron.
En esas breves llamadas, las voces llegan entrecortadas,
el miedo se escucha en cada palabra y el tiempo termina antes de que puedan
contar todo lo que están viviendo.
Candy Erazo, hermana de Juan Carlos de la Cruz, de 42
años, relató que su familiar salió del país el 28 de junio y que posteriormente
comenzó a comunicarse con la familia de manera esporádica. Según dijo, Juan
Carlos padece problemas de visión y de los riñones y le ha pedido que gestione
ayuda porque teme ser enviado al frente.
Otro caso es el de Ana Brioso, madre de Juan Ramón
Sánchez, de 39 años, contó que acompañó a su hijo al aeropuerto cuando viajó el
19 de agosto con la expectativa de trabajar como mecánico. Dijo que
posteriormente este le comunicó que en Rusia lo estaban preparando para la
guerra y que le habían retirado sus documentos, a pesar de tener una infección
por Helicobacter pylori y los pies hinchados.
Otra familiar, quien acompañó a su sobrino al aeropuerto,
explicó que el joven viajó bajo una oferta para trabajar como mecánico y que
las publicaciones mediante las cuales fue captado no hacían referencia a
actividades militares. Según su relato, después de llegar a Rusia el joven le
comunicó que la situación era diferente y que lo estaban preparando para ser
enviado al frente.
Xiomara Montero, de Haina, narró una situación similar
con su esposo, Deyvi Rodríguez, de 26 años, quien viajó el 19 de agosto bajo un
contrato como maestro conductor. Según explicó, Deyvi fue trasladado a un lugar
de entrenamiento, le retiraron el teléfono y actualmente los familiares solo
pueden comunicarse con los afectados los domingos durante unos 20 minutos.
Montero expresó especial preocupación porque su esposo es
diabético y padece de hígado graso y problemas renales.
Otros familiares aseguraron que durante esas breves
llamadas los afectados les piden que busquen ayuda y manifiestan su deseo de
regresar al país.

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