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21 de octubre de 2026

Tilda Swinton: “El arte debe participar en el debate político. He criado a mis hijos sin redes sociales, sin teléfonos inteligentes y sin televisión. Sigo confiando en la humanidad”

La actriz habla de su regreso al teatro tras casi 40 años, de sus encuentros con grandes directores y de su decisión de criar a sus hijos lejos de la tecnología. Y explica por qué, en un mundo marcado por las guerras y las divisiones, los artistas deben dar un paso al frente y seguir creyendo en la capacidad de las personas para entenderse entre sí.

Por Simone Marchettií            Vanity Fair

Tilda Swinton

Tilda Swinton lleva vestido de Chanel, collar, anillo y pulsera Faune et Flore de Cartier y guantes de Thomasine Gloves.

El mismo lugar. El mismo guion. “Han pasado casi 40 años y quiero volver exactamente allí: al mismo teatro y con la misma obra”. Tilda Swinton habla conmigo desde su casa en las tierras altas escocesas. Acaba de volver de una excursión a la playa, donde “todo parece haberse quedado en los años 30, con los niños jugando, la gente bañándose, algún barco amarrado en la bahía y un helado delicioso”. En el momento que tiene lugar esta entrevista faltan pocos días para el estreno de su espectáculo Man to Man [que se representó en el Royal Court Theatre de Londres hasta el 24 de octubre y había colgado el cartel de agotadas en todas las fechas días antes de su primera función]. Se trata de una obra que se llevó a las tablas por primera vez en 1987, la historia de una mujer que decide hacerse pasar por su difunto marido en la Alemania de los albores del nazismo. En el rostro y el cuerpo de Swinton, la persona y el personaje coinciden: su figura de cuento de hadas, a medio camino entre una musa y un elfo, resulta natural tanto en la realidad de su villa frente al mar como en la ficción de un escenario londinense, de una pantalla de cine o de un smartphone. “Sin embargo, hay otra cosa que me recuerda este escenario: un episodio fundamental de mi vida”.

¿Qué cosa? Cuénteme.

Tenía 18 años, estaba en Londres y compré una entrada para una obra en el Royal Theatre. Se representaba The Slab Boys, de John Byrne. No volví a ver a John hasta ocho años después. Luego se convirtió en el padre de mis hijos.

Un golpe de suerte…

Un increíble golpe de suerte. Es como si él siempre hubiera estado ahí, como si me estuviera esperando. Puedo decir lo mismo de mis hijos. Porque es como si hubieran querido nacer incluso antes de que yo los deseara. Estoy realmente feliz de que todo esto haya sucedido.

Retrocedamos un poco en el tiempo. ¿Cómo era usted de pequeña?

Una niña tranquila y solitaria, una niña que se limitaba a observar. Soy la tercera de mis hermanos. Siempre he sido muy paciente, como si estuviera esperando algo. A veces pienso que era un poco perezosa, pero creo que siempre aprovechamos el tiempo, incluso cuando pensamos que lo estamos desperdiciando.

¿Fue difícil convertirse en artista?

Tuve unos comienzos muy particulares. Encontré mi mundo y mi forma de trabajar con Derek Jarman. Derek fue mi mundo y mi forma de trabajar durante nueve años, hasta su muerte a causa del sida en 1994. Nunca había prestado atención a mi condición de artista individual porque siempre había trabajado en un colectivo.

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