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27 de enero de 2026

Robert Walser. Incondicional paseante

 El escritor que tiene más posibilidades de cosechar éxito es aquel que se empequeñece al máximo

Por Manu de Ordoñana, Ana Merino y Ane Mayoz


La figura de este singular poeta y prosista alemán que es Robert Walser (1878-1956) está repleta de contradicciones en su persona y en su obra. Esta última es un fiel reflejo de su vida, hasta el punto de que el libro del también escritor Jürg Amann, Robert Walser: Una biografía literaria (2010), básicamente está formado por fragmentos de sus escritos, incluyendo novelas, relatos y cartas, además de fotografías.

“El escritor que tiene más posibilidades de cosechar éxito es aquel que se empequeñece al máximo”. Así se define Walser. El pasear —se desplazará caminando de una ciudad a otra, tanto de día como de noche— y el cambiar de domicilio y de trabajo será otra constante en su vida. “Un espíritu joven con vocación de poeta necesita libertad y movilidad”.

En estas tres acciones básicas lo sitúa la escritora y profesora Eva Casanova: “Siempre he creído que escribir, leer y pasear es lo mismo. Al fin y al cabo, escribir es prestar atención a lo pequeño para poder abarcar la inmensidad, leer es también prestar atención a lo pequeño, un gesto, una palabra, un símil o metáfora, para interpretar, ¿y pasear? ¿qué es? Lo mismo, prestar atención a lo pequeño para entender lo demás, para conocernos, para detener la vida unas horas”.

Y el analista cultural Félix V. Díaz registra también nuestra admiración por este autor.  “Es la sensibilidad en la observación, el detalle como color de vida, la pasividad autoconvencida ante la insignificancia del individuo en el universo, la poesía enlazada amorosamente con la prosa dando sabrosos frutos de satisfactorio deleite literario.”.

Él era lo que no parecía y a menudo parecía lo que no era. Pocos lo conocieron y lo trataron porque vivió, como bien lo califica la traductora Isabel Hernández, metido en la concha de caracol desde la que siempre escribió. “Comencé a leer mucho porque la vida me negaba, pero la lectura tenía la bondad de afirmar mi carácter, mis inclinaciones”.

Leyó y escribió. El no sentirse comprendido ni correspondido por el amor exclusivo de su madre le lleva, siendo adolescente, a la escritura; Robert Walser necesita escribir para plasmar en ella esos sentimientos; para inventar lo que le falta en vida.

En 1894 falleció su madre —llevaba algún tiempo enferma de depresión—. Era delicada y cariñosa solo con sus hermanos y hermanas que siempre estaban enfermos; con él nunca lo fue, nunca enfermaba. También, distinguida, severa y enfermiza, proclive a la tristeza y a la melancolía. Sin tiempo para pensar en sí misma tras dar a luz a ocho criaturas y con un marido —encuadernador, vendedor de objetos de papelería y de juguetes— que lo confiaba todo al buen Dios.

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