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21 de abril de 2026

Lo raro empezó después

Bruno Altieri

(Nota del editor: Este artículo fue publicado originalmente el 17 de febrero de 2012)

Michael Jordan anotó 63 puntos contra los Celtics en un juego de playoffs 
el 20 de abril de 1986. Getty Images

- Michael, piénsalo así , te duele la cabeza y tienes un frasco de Tylenol. Digamos que una de las 10 pastillas contiene veneno. Seguro, tienes un 90 por ciento de chances de acertar, pero ¿Qué sucede si fallas?

- Es un buen ejemplo, Jerry, pero déjame decirte algo: a mí no me duele la cabeza.

EL PASO PREVIO AL DESPEGUE

Cuando Michael Jordan llegó a la NBA en 1984, compró una casa en Deerfield, cerca de la que poseía su amigo Rod Higgins. Era un joven tímido, siempre atento a su cuidado personal: aún recordaba las bromas pesadas de sus amigos y la obsesión que lo atormentaba por licenciarse en North Carolina.

- Coach Loughery, ¿Cree que Jordan puede ser la solución de los Bulls de acá a futuro?

- Es un joven callado, extremadamente quieto, que sólo se mueve dentro de la cancha. Es curioso, pero debe mejorar en muchos aspectos.

Para Kevin Loughery, Michael era un oasis en un equipo con pocas aspiraciones. Lo seguía de cerca, lo cuidaba, trataba de que se sintiera cómodo en un desafío grande como la NBA. Hacía bromas con Mike, le permitía jugar a su estilo. Loughery era una especie de padre para el joven procedente de North Carolina.

Jordan no quería saber nada de favoritismos. Quería ganarse el crédito desde abajo, respetaba a Loughery, pero no soportaba los murmullos que había entre sus compañeros veteranos cada vez que el entrenador le dedicaba un comentario o una mirada en el vestuario antes de los juegos.

Los retos eran parte de su personalidad.

En aquella casa de Deerfield, tuvo sus primeros coqueteos con ese tipo de situaciones. Le gustaban los desafíos, poner un plus en cada uno de ellos. No era hombre de muchos amigos. Higgins, Charles Oakley, Fred Whitfield, Adolph Shiver, Fred Kearns lo acompañaban del estadio a su casa. Siempre era jugar, al básquetbol en el estadio, a los naipes en su casa. Su compañía era pequeña pero selecta. Todos ellos eran jóvenes criados en North Carolina.

- A veces pienso que no somos el número exacto para las cartas...

- Mejor lo dejas ahí, Charles. No quiero a nadie más metiendo las narices donde no le corresponde.*

Pero, a pesar de su elección, Jordan tenía algo más que ese grupo de cuatro amigos. Sam Smith, periodista de Chicago-Tribune, y Lacy Banks, colega del Sun-Times, también tenían las puertas abiertas del recinto del joven escolta. Smith no acostumbraba a jugar a los naipes, y quizás era el único que podía estar merodeando en la casa sin que Jordan parase las antenas. Banks, en cambio, nunca se negaba a una mano. Siempre jugaba junto a Jordan, Freds y Adolph, pero cuando ellos no podían estar en Deerfield -debían pagarse los pasajes de avión desde North Carolina-, Lacy y Michael mataban el tiempo con el ping-pong.

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-Vamos Mike, ya hemos jugado demasiadas veces...

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